La Revista Fetac

Me contagié y ahora tengo una nueva oportunidad de vida

Fui diagnosticado de Enfermedad por Covid-19 con infiltrados bilaterales e insuficiencia respiratoria hipoxémica y neumonía aguda. La situación del hospital era “angustiante”, no paraba de llegar gente muy enferma a la guardia (aquí la sección de Urgencias se le llama Guardia), las plantas colapsadas, el personal desconcertado ante los diferentes protocolos de limpieza, desinfección, falta de material adecuado.

Por: Eleuterio Gómez Valencia

Algunos de mis amigos me dicen que porqué no escribo un artículo sobre la experiencia, que tuve cuando me contagié con el COVID, me decían que ese artículo podría dar luces a muchas personas que no se cuidan ni cuidan a sus seres queridos y aquí estoy tratando de contarles esta experiencia que se convirtió en mi segunda oportunidad de vivir, con algunos problemas, pero vivo.

Sentado ante mi computadora esperando que me enviaran la señal de Facebook Live de la celebración de la “Tarde María la Parda” en mi Salamina querida, de repente comencé sentirme no tan bien y bajé al primer piso a tomarme un vaso de agua con un metacarbamol que es el equivalente a la aspirina colombiana y regresé a continuar con mi trabajo.

Esa noche a altas horas de la madrugada me desperté muy indispuesto, algo de fiebre y mucho malestar. Nuevamente el metacarbamol, ya me tomé dos pastillas, y me tiré en la cama un rato. Cuando desperté tenía una leve tos y la espalda me dolía un poco, así me dediqué ver unas películas en mi computadora, era el 1 de noviembre.

En la tardecita me apareció nuevamente el dolor de espalda y la fiebre y ya en la noche tuve una sensación muy fuerte como si se me fueran a explotar los pulmones, pareciera que saltaran dentro de mí cada uno, cuando trataba de tomar aire. Es un movimiento involuntario muy doloroso y angustioso que, sumado al intenso dolor de cabeza y de la tos, es casi para perder los sentidos. Ese movimiento interno de pulmones y el dolor de tórax, en las venas y en la espalda no me permitían conciliar el sueño. Mas tarde con el estómago descompuesto y al baño…

Ya el 2 de noviembre en horas de la mañana me comuniqué vía WhatsApp con mi médico de cabecera Vanessa Moreno; es de anotar que aquí en este país cuando no se tiene medicina prepagada, llamada Obra Social, los servicios de salud son atendidos por el estado en una forma totalmente gratuita y eficiente, y se le asigna a cada persona un médico de cabecera; y ordenó que inmediatamente me aislara en mi habitación, que los alimentos me fueran dejados en la puerta y que la persona que me atendía se pusiera guantes y se extremara la prevención, pues posiblemente estaba contagiado de Covid 19.

¡Sorpresa!, no me podía caber en la cabeza que estuviera contagiado por ese maldito virus, pues desde el 27 de marzo que decretaron la cuarentena obligatoria en todo el país, yo no salí de casa y las demás personas con las que convivo comenzaron igualmente a extremar los cuidados, debido a que en la casa éramos dos las personas de alto riesgo, mi nietecita de 5 años que resultó diabética y con colesterol alto, y yo que soy un adulto mayor, exfumador e hipertenso; no  podían entender como llegó ese coronavirus a nuestra casa, lo cierto fue que entró, y nos contagió a todos. Siendo yo el que resultó con el máximo estado de afectación.

Inicialmente estuve en aislamiento en mi domicilio, sin contacto con la familia, en una parte de la casa, durante 4 días, hasta que vinieron a hacerme la prueba rápida, que como sospechaba dió positivo para COVID. La evolución no sólo no mejoraba, sino que cada día observaba que aparecían nuevos síntomas: Tos con expectoración herrumbrosa, erupción cutánea en miembros superiores, náuseas y vómitos, astenia intensa con mucha fatigabilidad e incluso dificultad al respirar y aumentaban en intensidad los ya existentes, picos febriles muy elevados e inapetencia extrema y una diarrea continua. Contacté con mi doctora e inmediatamente ella llamo a la unidad provincial de Covid para que me visitaran en mi aislamiento, rápidamente consideraron mi ingreso en planta de hospitalización convencional, la doctora de la ambulancia le dijo a mi hijo que si no reaccionaba, en la noche había que intubar, pasarme UCI, y no daban muchas esperanzas de vida. Afortunadamente la bolsa de oxigeno y la medicación de emergencia actuaron y mi cuerpo reacciono bien.

Fui diagnosticado de Enfermedad por Covid-19 con infiltrados bilaterales e insuficiencia respiratoria hipoxémica y neumonía aguda. La situación del hospital era “angustiante”, no paraba de llegar gente muy enferma a la guardia (aquí la sección de Urgencias se le llama Guardia), las plantas colapsadas, el personal desconcertado ante los diferentes protocolos de limpieza, desinfección y falta de material adecuado.

Plantas llenas de enfermos con síntomas muy parecidos, inicio de tratamientos con protocolos que iban cambiando sobre la marcha dado que estaban luchando contra una enfermedad de la cual no se conocía sino el nombre que le había asignado la OMS y una percepción de “angustia” e “incertidumbre” entre médicos y personal de enfermería que me atendieron.

Ante el empeoramiento de la situación ventilatoria me trasladaron a UCIM (Unidad de Cuidados Intermedios) para monitorización y valoración de soporte ventilatorio. Tras un control Radiológico, y en menos de 12 horas, acudieron a verme la Internista de guardia acompañada de los médicos intensivistas, y tras hablar conmigo, entendí la gravedad de la situación y fue entonces cuando empecé a sentir el miedo a la muerte inminente.

Me relajaron y sedaron, y sólo sé que desperté con la duda de si era yo, un sueño, me encontraba con vida y respirando. Vi al personal de UCIM circulando sin parar a mi alrededor, todas las camas ocupadas, alguna entrada de nuevo ingreso y salida de pacientes fallecidos. Una situación terrible a mi alrededor, pero por suerte yo estaba vivo, respirando con un soporte ventilatorio y de Oxígeno a altos flujos. Fueron 5 días de variaciones en mi estado de ánimo, pero recibiendo ayuda y ánimo de todos los profesionales de mi entorno. A los 5 días, ya con cierto grado de mejoría percibida por mí y por los médicos intensivistas (aunque seguía con altos flujos de Oxígeno) se acercó la enfermera que me atendía y me dijo que mi compañero de cuarto ingresado en UCIM estaba peor y yo podría salir a sala común.

Tras el ingreso hospitalario durante 14 días, me trasladaron a casa, sintiéndome cada día mejor, haciendo ejercicio y viviendo emocionalmente lo que suponía todo el contexto de la “pandemia”. Una vez en casa comienzan a aparecer secuelas de la enfermedad: no podía bajar al primer piso pues al subir las escaleras me agitaba demasiado y comenzaba a fallar la respiración y la oxigenación bajaba a parámetros peligrosos. La agitación al hacer los ejercicios y los momentos en que me falta el aire no desaparecen y de pronto me comienza a salir sangre por las fosas nasales, le atribuimos eso al calor y me pongo compresas con hielo, me recuesto y la hemorragia desaparece.

Al día siguiente estaba en el baño y de pronto comienza nuevamente la hemorragia nasal y no se podía contener con nada, me llevaron a la guardia del hospital, me aplicaron una bolsa de suero y me pusieron unos tapones en los orificios de la nariz, después de unas horas me trasladaron a casa y al amanecer comienza de nuevo la hemorragia, nuevamente para la guardia y un nuevo tapón y me remiten al único otorrinolaringólogo de la provincia, que tiene la sede en la ciudad cercana, cuando llegamos la hemorragia era más intensa y el galeno estaba de licencia hasta 10 días después, me hicieron un examen de sangre que dio como resultado que ya estaba anémico y me hicieron una transfusión de tres litros de sangre y me hicieron unos tapones muy fuertes que no se debían tocar hasta que me viera el médico especialista. Que finalmente vi 10 días después y que cauterizó la arteria que se había roto por efectos del oxígeno aplicado anteriormente.

Sin duda alguna, me he sentido muy agradecido con este grupo de profesionales que lo han dado todo por su sociedad: trabajo incesante, sin descansar, sin medidas de protección adecuadas, viendo como una gran cantidad de personas enfermaban, fallecían, y entre ellos, muchos profesionales sanitarios. Es difícil encontrar palabras de agradecimiento por los cuidados, cariño y profesionalidad recibida y transmitida. He visto unión, codo con codo, de todos los estamentos, he observado que existe la vocación de servicio y ayuda a los demás. La alegría, la ilusión, el cariño que desprendían te hacían luchar y creer firmemente en la victoria.

La salud importa, la vida y el bienestar del prójimo son los retos de estos profesionales y así lo han demostrado. MUCHAS GRACIAS A TODOS

Sólo puedo tener palabras de agradecimiento para mi familia, Jaime, Paola y mis adorados nietos por la gran cantidad de muestras de cariño, apoyo y fuerza recibidos. Cada mensaje, llamada, palabras, iban insuflando fuerza e ilusión para volver de nuevo a la vida.

De mi familia, aún recuerdo mi salida de casa en la ambulancia pensando qué iba a ser de mí, no tuve fuerzas para despedirme. Sé que los primeros días y noticias fueron muy duros para todos, y especialmente para mi hijo y mis resto de familia en Colombia. Mi salida de UCMI me permitió restablecer pequeños contactos telefónicos, oír la voz de mis hijos y sentir su cercanía.

Pues no quiero extenderme más, pero está claro que esta pandemia ha resultado una amenaza y nos ha hecho tambalear muchos esquemas: Desde el punto de vista social quizás unas nuevas formas de relación podrán instaurarse, aunque ello no quiera decir que no deseamos volver a la “antigua normalidad”.

La sociedad se ha dado cuenta de lo importante que es la salud y el trabajo de los profesionales sanitarios, pero también ha percibido la difícil situación y falta de recursos adecuados de los profesionales de la sanidad.

Los profesionales han percibido la importancia de su papel, responsabilidad y admiración de las gentes y que el trabajo en equipo nos hará más grandes y más fuertes.

Por favor eviten contagiarse.

¡Compartir es cariñoso!

2 comentarios en “Me contagié y ahora tengo una nueva oportunidad de vida”

  1. Gracias a Dios todo salió bien para ti. Abrazo grande Jaime, con la esperanza que sigas recuperándote y sintiéndote cada vez mejor. Abrazos a toda la familia, unos guerreros sin duda.

  2. Mi querido amigo, no tenía conocimiento de tu estado de salud tan delicado y hubiese querido al menos darte un saludo o levantar una oración para procurar con la voluntad de Dios un alivio. Solo quiero decirte que tu experiencia me llego al alma y que doy gracias a Dios porque estuviste bien atendido y contaste con la compañía de tu familia. Espero de corazón que tu salud siga mejorando. Un abrazo inmenso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×

Table of Contents

Ir arriba