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Historia de una historia – Emilio Robledo su obra y época

Este impulso llevará a fundar la Academia de Historia de Colombia en el año 1901 y como reflejo de esta iniciativa, se reunirán los interesados en la historia de las provincias, en centros de estudios históricos como el de Manizales, fundado precisamente por el médico Emilio Robledo y otros, en 1911.

Por: Pedro Felipe Hoyos Körbel

La historiografía nace en Colombia con la Independencia. Es después de ese hecho que surge el afán y gusto por saber y leer del pasado. Nace con obras como la “Historia de la Revolución de Colombia” de José Manuel Restrepo o “Memorias Histórico políticas” del general Joaquín Posada Gutiérrez. Con un gran esfuerzo el país fue labrando un acervo dejando muchas veces de lado el rigor al clasificar las obras. Aquí se validaron memorias como textos de historia porque los protagonistas de los hechos, completamente involucrados, así lo quisieron. La distancia prudencial, tan benéfica, fue abolida por brindarle a la nación una visión de los hechos.

Estas obras fundacionales no están exentas de contradicciones debido a que hay una ruptura total, que rehúsan ser la continuación de cualquier tarea realizada durante el mandato del rey español, con la aún más frágil inquietud de pensar el pasado en la Colonia. Las obras de Juan de Castellanos, Lucas Fernández de Piedrahita o la de Rodríguez Freyle representan un conjunto híbrido muy complejo que no alcanzan el calificativo de historiografía nacional. Entre otras porque muchas de las obras redactadas a lo largo de la Colonia no fueron siquiera impresas y por ende carecían de lectores locales, quedándose vetadas para aportar a una identidad “nacional”, asunto ahora sí crucial dentro de la historiografía surgida con la Independencia. Este fenómeno es válido para toda la historiografía hispanoamericana, porque en la mayoría de los países surgidos después de la Independencia desde Méjico hasta la Argentina, pasó algo parecido.

Surgirá, muy a final del siglo XIX, nuevas tendencias dedicadas a otros temas, aparte de la epopeya independentista, como el indigenista que se proyectará al otro siglo hasta nuestros días. Los campos de estudio adquirirán una cabida mayor y más acorde con la “realidad” del país.

Este impulso llevará a fundar la Academia de Historia de Colombia en el año 1901 y como reflejo de esta iniciativa, se reunirán los interesados en la historia de las provincias, en centros de estudios históricos como el de Manizales, fundado precisamente por el médico Emilio Robledo y otros, en 1911.

Con estas iniciativas se dotó de centros de estudio a las provincias y de esta manera la historiografía aportó mucho para perfilar las identidades regionales, identidad que los habitantes intuían pero no habían formulado, faltaba ponerla por escrito después de una concienzuda investigación y documentación.

La obra del médico Robledo se puede dividir en cinco aspectos a través de las cuales este pensador trató de dilucidar la identidad de su región y del país.

La primera perspectiva está a favor de la actuación política de España en América; una obra como “Vida del Mariscal Jorge Robledo” (1955) resalta los hechos de la conquista, especialmente las que tienen que ver con la zona de influencia de su patria chica que fueron los departamentos del Gran Caldas y sur occidente de Antioquia. A un dramático conquistador menor, Jorge Robledo, por medio de una minuciosa investigación, basada en documentos que él hizo buscar en el Archivo de Sevilla, lo perfila y resalta, dándole una trascendencia que francamente no tuvo. Robledo nunca alcanzó el grado de gobernador, cargo y dignidad que si ostentaban sus rivales Pedro de Heredia y en especial Sebastián de Belalcázar. El Consejo de Indias tuvo solamente a bien de darle el rimbombante título de mariscal que carecía de jurisdicción política. Con esta decisión el Consejo de Indias desata una tragedia basada en las ansias de mando de Robledo, el conquistador. El médico Robledo convierte a lo largo de su escrito al otro Robledo en mártir por la pena capital que el legítimo gobernador Sebastián de Belalcázar aplicó al intruso.

El lector actual echa de menos la omisión del escritor de no tomar la distancia crítica acerca del luctuoso hecho que la entrada de España en América da origen a la cultura latinoamericana, pero a la vez significó la muerte gratuita de la población original. Esta biografía centra su atención en la pujanza “civilizatoria” de la conquista que sobradamente extinguió a otras culturas sin mayor reparo tratando con cierto desprecio a los indígenas y especialmente a la población africana presente en América debido a la esclavitud. Robledo como muchos pensadores de la época pertenecieron a la corriente neo hispanista, ciega para la identidad meta americana. Si bien ellos biológicamente no participaban de un mestizaje biológico, que incluya físicamente en ellos los otros dos genomas: el indígena y el africano; estos autores mentalmente solo se centran en el europeo, y no fueron capaces de entender que el país es un país mestizo y que su identidad personal no era suficiente para ofrecerle al país una robusta historiografía, que hubiese superado ese elemental lastre.

La fundación de las poblaciones como Santa Ana de los Caballeros el actual Anserma (1539), Santa Fe (1542), Antioquia (1542) y la primera Cartago (1541) por el español, poblaciones que el abandono iba a esconder por siglos, despertaron el interés de Robledo. Su propuesta consistía en rescatar una historia española para una región, la cual en sí, empezó a surgir o ser colonizada, exactamente después de la salida de la monarquía española del país, a través de la colonización antioqueña.

El historiador Robledo no vio la disyunción que hay entre la república y la conquista y ensalzó un hecho que no tuvo continuidad; y le atribuyó a la fundación de estas poblaciones a Robledo que propiamente las había realizado a nombre de su jefe Sebastián de Belalcázar, el cual igualmente anduvo con sus huestes por esos lados. Es muy probable que la región del Viejo Caldas se hubiese desarrollado desde la época de la conquista si el rey Carlos V la hubiera convertido en gobernación y se la hubiese adjudicado a Jorge Robledo, pero con la muerte violenta del conquistador caduca su proyección hacia el futuro. Se discute la legalidad de la sentencia de muerte, aplicada por el caudillo en términos de 24 horas, pero ella está completamente ceñida al derecho de la época basada en las atribuciones de un gobernador. No vale alegara que con esa muerte Belalcázar protegía su gobernación, pues de lo contrario el juzgado sería él por negligencia de proteger lo que le fue encomendado.

Dentro de ese mismo parámetro se puede considerar su obra “Bosquejo Biográfico del oidor Juan Antonio Mon y Velarde” (1953) que incluye un asombroso anexo documental sobre el oidor Mon y Velarde funcionario español que es elevando por Emilio Robledo y sus seguidores al cargo de “Regenerador de Antioquia” y por ende facilitador de la colonización antioqueña. No surge mayor inquietud en el galeno historiador el hecho que fue Mon y Velarde el fiscal encargado en la causa contra los líderes comuneros de 1781. No tuvo empacho el oidor de aplicar tortura a sus acusados para perfeccionar las confesiones que sustentaran su acusación y posterior condena. Es muy probable que un oidor torturador fuese el primer impulsor del fenómeno de la colonización antioqueña, pero sí es asunto del historiador entender los móviles de los hechos que corresponden a motivaciones muy distintas. Dos fenómenos, característicos del gobierno de los reyes de la casa Borbón en América (1700-1819), donde un ideario ilustrado hacía presencia y a la vez se regía por un gobierno absoluto que le imponía despóticamente cargas fiscales a una población extremadamente pobre, no fueron descifrados por Emilio Robledo y su época. Se podría especular que la colonización antioqueña no se hubiera dado con el éxito que tuvo si Bolívar no hubiera vencido a las tropas del rey primero en Boyacá y después en Ayacucho. Lo más probable fuese que un producto tan lucrativo como el café hubiera sido estancado a favor del rey restándole interés económico para que las gentes lo cultivasen en provecho propio, porque fue el café el que hizo exitoso que en el lapso de 100 años surgieran en Colombia cien nuevas poblaciones y el país tuviese las divisas suficientes para convertirse en un estado moderno durante el siglo XX. Le corresponde al café continuar lo que el tabaco dejó iniciado dentro de la economía y el desarrollo del país.

Otro pilar de la obra de Emilio Robledo está representado en su interés por la lengua castellana. Sus varios tomos de “Un millar de Papeletas lexicográficas relativas a los departamentos de Antioquia y Caldas” y estudios como “Acotaciones Lexicográficas entresacadas de las obras de Cervantes” o “Leyendo a Cervantes” defienden y resaltan el idioma que dejó España en América. De nuevo surge la inquietud por las lenguas que desplazó el castellano a la fuerza, que poca o ninguna atención causaron a Robledo. El pensamiento de Robledo y su época operaba con una falsa jerarquía que colocaba lo español en primer lugar, desechando lo indígena o africano como salvaje o primitivo y por ende secundario, cuando no era desechado del todo.

El tercer lugar lo asume su interés por otro de los bienes que implantó Castilla en América: la religión. Con su biografía sobre “La vida ejemplar de monseñor Manuel José Caicedo” (1948) Robledo defiende las actuaciones de este caracterizado hombre de la Iglesia y redondea su cosmovisión donde España es el origen de todo bien. El cristianismo católico lo pondera a Robledo como otro bien cultural que España le dejó a América. De cómo fue la evangelización del Nuevo Mundo Robledo no hace referencia y mucho menos juicio. Esa exaltación inteligente y erudita carece de rigor científico, tópico que se vuelve característico de la obra de Robledo.

Es curioso que Emilio Robledo le dedicase tan poco interés en el tema de la Independencia, sobre Bolívar existen de él unos pocos artículos para revistas carentes de peso; al parecer el hombre que nos conquistó con la palabra y las armas a una nueva fase de vida, la Independencia de la matriz española, poca simpatía podía despertar en un hispanista.

La quinta esfera y la más prolífica de la obra de Robledo la constituyen sus trabajos médicos y científicos donde este hombre fue líder de la vanguardia médica en lo concerniente a tecnológica y concepto. Fue Robledo el primer hombre que trajo un microscopio a Manizales después de sus estudios en Francia e Inglaterra entre los años 1905 y 1907. Fue Robledo el primer medio en hacer una cirugía compleja respetando todos los parámetros de higiene en Manizales. Como ejemplo se podrían citar los publicados en la “Revista Nueva” (1904-1907), de la cual hacia parte del consejo editorial integrado por sus fundadores: “Los Rayos N y el Actinium” y “El Paludismo en Colombia”.

Como político de filiación conservadora, actuó en el republicanismo, ejerciendo la gobernación de Caldas entre 1910 y 1914. Fue Robledo como gobernador fundador y soporte de dos importantes hechos que le dieron un especial perfil al recién creado Departamento: la fundación del Instituto Universitario de Caldas, plantel que le brindó a la ciudad de Manizales y al departamento formar su jóvenes para poder acceder a una carrera universitaria; y al creación de la Imprenta Departamental comprando las respectivas máquinas. El primer libro editado por la Imprenta Departamental fue su “Geografía Médica y Nosológica del departamento de Caldas” texto que fue auscultando la historia de la región y aportando estadísticas sobre la forma de vivir de los caldenses.

Otro importante texto, no escrito por él, pero completamente influenciado por él y su amigo d. Tulio Ospina, fue “La Colonización Antioqueña en el Occidente de Colombia” (1950) escrita por el joven geógrafo norteamericano James Parsons. Este clásico de la historiografía imprimió otro estándar de la investigación y por ende conclusiones referentes a la historia regional. Todas las maduras ideas de estos dos prohombres fueron vertidas en conceptos y argumentación “científica” por el joven geógrafo.

Había nacido Emilio Robledo Correa en Salamina el 22 de agosto de 1875 y murió el 18 de octubre de 1962 en Medellín. Hay sobre el doctor Emilio Robledo una amable biografía redactada por Jaime Sanín Echeverri del año 1963.

 

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