La Revista Fetac

El volcán Lanín, una belleza natural para visitar

Del Lanin dicen algunos poetas argentinos de Junín de Los Andes dicen haber vislumbrado ambos océanos desde su cráter, cuando los cielos eran más nítidos. Este hecho fantástico aún no ha sido corroborado; sin embargo, el Lanín ciertamente domina un radio que sobrepasa los 150 km. y sus 3728 metros sobre el nivel del mar.

Por: Eleuterio Gómez Valencia – Comunicador Sicial – Periodista

El Lanín, que quiere decir “roca muerta” en mapudungun, es a la cordillera del sur en la Patagonia argentina lo que el Aconcagua es a la cordillera central: ambos sobrepasan a sus vecinos por más de mil metros, y se imponen sobre el horizonte como ninguno. Algunos poetas argentinos de Junín de Los Andes dicen haber vislumbrado ambos océanos desde su cráter, cuando los cielos eran más nítidos. Este hecho fantástico aún no ha sido corroborado; sin embargo, el Lanín ciertamente domina un radio que sobrepasa los 150 km.y sus 3728 metros de altura sobre el nivel de mar.

 

Leyendas mapuches cuentan que antes, en tiempos de los abuelos de los abuelos y más allá en el tiempo, existían dos Lanines. Uno feroz, gigante, que luego de una gran erupción que castigó a los moradores de la región se tragó a sí mismo. El otro sobrevivió, pero era más pequeño y menos inquieto que el primero. El segundo es el que conocemos. La tradición mapuche creía que en la cima del volcán moraban espíritus perversos que daban muerte a los que se atrevían a subirlo. Por otro lado, Lanín, además de “roca muerta”, es el verbo de la primera persona del plural que quiere decir “nos hundimos” (en las cenizas de los volcanes o en la nieve). No se sabe de la última erupción del volcán, pero con toda seguridad el volcán asustó a muchas generaciones de mapuches, en otros tiempos. Quizás en los tiempos de la mitología.

 

Narración de Felipe Rañinqueo, nativo de origen Mapuche, en 1968 y recopilada por: César Fernández, 1989.

«Los abuelos se acordaban de eso, de que había dos Lanín acá. Uno era mucho más grande del que tenemos ahora. A ese no lo vimos, no lo alcanzamos a ver nosotros, pero nos lo contaron todo el abuelo del abuelo; todo eso que había pasado antes acá, en esta zona de Aucapán. Ese Lanín era muy peleador; como cuchillero. Hacía de todo: sacaba humo, tronaba, sacaba chispa, tormenta, agua, nevazón y derrumbe. Dicen que fue castigado por eso, y ahora quedó plano. Era malo, tiraba piedras, hacía temblar la tierra, no vivía bien ni de día ni de noche, siempre sabía estar haciendo ruido. Bramando como vaca. Nguenechén, nuestro Dios, lo castigó. Eso supimos nosotros, que nos lo vinieron a contar nuestros abuelos. Ahora hay un solo Lanín. Nosotros no lo vimos. No sabemos cómo fue ese volcán. Lanün se llamaba, porque se murió. Ése era el nombre de antes.»

 

La ciudad encantada del Lanín

 

Narrado por José Kilapán, Catán Lil (Neuquén), 1950. Recopilado por Berta E. Vidal de Battini, 1984.

 

«Dicen que hay una ciudad encantada en ese cerro, en el Lanín. Dicen que se ha visto gente. Había un ingeniero gringo que porfiaba por subir al Lanín. José Pérez, paisano viejo, le dijo a un muchacho: –Vamos a ver, compañero, ¿va a subir a ese tapado de nieve, ése que nunca seca? Compañero, no va a aparecer más si va. Hay un pueblo adentro. Te dan calabozo si vas. La gente paisana decía así, los viejos paisanos, los abuelos nuestros, todos contaban así. ¿Va a ser capaz de subir ese gringo?

 

Y el gringo porfiaba por subir. Y dicen que los dos y otro compañero fueron a subir. Ahí dicen que se enojó el cerro y que venía un viento fuerte y nevaba. Y caían. Andaban un paso y venía un soplido y caían otra vez. No los dejaba subir. Se resbalaban, se revolcaban y se perdían en la nieve. Se golpeaban por todas partes.

 

Se cansaron, no se podían sujetar. De un soplido los mandó rodando y llegaron abajo. Entonces se les antoja recorrer toda la orilla. Ya había un puente. El gringo andaba como loco. Y entró, pasó ese puente. Se abrió como una boca y quedó ahí adentro. Y el muchacho decía: –Casi me tocó a mí también. Casi quedé adentro no más.

 

Se perdió el compañero. Y el viento siempre enojado los perseguía. Los dos que quedaban oyeron todo. Dicen que hablaba gente, toreaban los perros, bramaban como vacas y toros, relinchaban caballos. De todo se oía.

 

Dicen que ahí se ha perdido gente. Entran a ese pueblo y no vuelven más. Dicen que a los años apareció el gringo. A los dos años se aparece la gente que ahí se ha quedado. Lo reconocieron, pero no habló nada. Todo blanquito, chupada la sangre. Los compañeros lo vieron al gringo. El les volvió la espalda y no se lo vio más. Dicen que el Lanín se tragó a ese pueblo y que no va a aparecer más.»

 

Su morfología corresponde a un estratovolcán que, en conjunto con los volcanes Quetrupillán y Villarrica, forma una cadena volcánica transversal de orientación Noroeste-Sureste. Su actividad eruptiva se inicia en el Pleistoceno Medio hace cerca de 200 mil años. El volcán ancestral fue profundamente erosionado por el hielo y sobre sus ruinas se construyó el edificio actual dando forma a la mayor cumbre de la región. El estilo eruptivo dominante es efusivo, con profusa emisión de lavas basálticas y en menor proporción dacíticas. Durante el Holoceno, ocurrieron contemporáneamente erupciones en el cráter central y en los centros eruptivos de flanco, algunas de ellas probablemente hace solo algunos siglos. No existe vestigio de grandes erupciones explosivas como las documentadas en los volcanes vecinos.

 

Aunque el volcán Lanín no presenta actividad eruptiva reciente ni documentada históricamente, la juventud de sus emisiones holocenas sugiere considerarlo un volcán activo y potencialmente peligroso. En efecto, la presencia de un glaciar en su cumbre y la empinada pendiente de sus flancos sugieren que el mayor peligro asociado es la ocurrencia de lahares.

 

La ruta normal al volcán se sigue desde el lado argentino (el volcán es limítrofe), y parte desde las inmediaciones del ventoso lago cordillerano Tromen. El Lanín está ubicado al interior del Parque Nacional Lanín (Provincia del Neuquén – Argentina), que limita al oeste con el Parque Nacional Villarica (Chile). A sus pies se encuentra el paso Mamuil Malal, y sobre sus pendientes se sigue a la vista el extenso bosque de araucarias que se agranda hacia Chile.

 

La ascensión está controlada por los guardaparques argentinos. Se deberá notificar la subida, mostrar equipos y señalar plan de ascensión si se sigue cualquiera de las rutas que suben por la cara norte (bastante seco en verano). El equipo exigido por los guardaparques incluye, aparte de lo tradicional para este tipo de ascensiones: piolet, crampones y equipo de comunicaciones VHF.

 

Por el lado sur el Lanín ostenta una abrupta pared glaciar que domina los lagos Huechulafquen y Paimún. Es la cumbre más alta considerando toda la cordillera desde el volcán Domuyo (4809m; Argentina; 350 km más al norte, latitud de Chillán) hasta el punto donde el San Valentín pasa a ser soberano.

 

El primer ascenso del Lanín fue conseguido en solitario en 1897 por el teólogo y naturalista alemán Rudolph Hauthal quien ese mismo año había conseguido los primeros ascensos del Peteroa, Planchón y Descabezado Grande. El segundo ascenso del Lanín fue realizado recién en 1921 por los miembros del DAV Valparaíso E. Kremer y F. Fonck, quienes sin saber del ascenso de Hauthal pensaron que habían sido los primeros.

 

Es una de las bellezas naturales de la Patagonia Argentina en la Provincia de Neuquén en la hermosa región de los 7 Lagos, dignas de visitar cuando de disfrutar la naturaleza se trata. Veamos esta hermosa colección de imágenes.

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