La Revista Fetac

El escritor y maestro Fernando Macías o la cultura tímida

Tal vez, el más conspicuo estudioso de la vida y obra del Maestro Tangarife sea Fernando Macías Vásquez, hijo de uno de los más destacados y permanente de sus discípulos, quien durante 51 años acompañó su laborioso trasegar por el moblaje y la arquitectura salamineña que se enriqueció con la esplendorosa y perfecta filigrana de sus creaciones, haciendo inigualables y magistrales portones, contra portones, portadas de comedor, tocadores, arcones, alacenas, moblaje religioso, esculturas y escaparates que perviven en el tiempo y causan admiración en quienes los observan.

Po Daniel Echeverri J.

El gran médico y escritor español Gregorio Marañón publicó años atrás un libro estupendo: la diferencia entre los caracteres humanos impulsivos que entran con su afán a la conquista del mundo y los llamados tímidos, hombres de gran cultura, pero con vida íntima, de estupenda sensibilidad y de carácter suave a quien Marañón llama introvertidos. Jorge Federico Amiel fue el modelo de este segundo carácter según Marañón. Poco conocido y bastante alejado de la vana fama y de la popularidad, vivía hacia adentro y poseía una extraordinaria cultura que quedó plasmada en un diario que fue hallado después de su muerte.

Fernando Macías o la cultura tímida pertenece a este segundo grupo privilegiado y a quienes encabeza Leonardo Da Vinci.

En efecto, he aquí el hombre de cultura exquisita, de claros conceptos, de sensible conciencia y de la lenta formación de una educación en gran parte personal, pero que bien vale la pena mostrarlo como una personalidad que honra a Salamina a pesar de que no busque ni se preocupe por la popularidad que se esfuerzan por alcanzar quienes no tienen tan firme el espíritu y tan perfecto en su formación, el temperamento.

Ahora publica un libro que busca rescatar del olvido a uno de los más insignes ebanistas del siglo pasado: el maestro Eliseo Tangarife, investigación que envidiarían los historiadores, los críticos de arte, los arquitectos y los dueños de los edificios diseñados, construidos o engalanados por Tangarife, que, disfrutándolos, no alcanzan como Macías a dominar el espíritu y la belleza en la tradición que aquellos guardan.

Claro que no es un improvisador. Es un hombre maduro en la plenitud de su vida y en intenso brillo de su formación cultural. Es un artista de la madera como su biografiado. Ha sido un estudioso permanente; es un hombre sencillo en la vida. Este carácter en cierto modo procede de una cepa familiar: su señor padre fue un gran artesano discípulo del gran Eliseo Tangarife. Se hizo tallista de la madera desde muy joven, alcanzando una destreza apenas comparable en aquel grupo, a los mejores escultores que ha tenido el país.

No siendo Fernando Macías un opulento, vive en sobriedad. Sabe reír sin estruendo. Sabe hablar sin demasiada y vana elocuencia. Es un escritor de la alta finura; un poeta, un artista completo en el sentido de la palabra. Honra a Salamina en la historia, en la actualidad, y su nombre será honor también en el futuro cuando se descubra el brillante tesoro de sus méritos, en sus ejecuciones plásticas o en sus escritos, por lo que no lo olvidaran.

Con un enorme sentido de la libertad y de la vida, es un anarquista de las ideas, un trashumante, un irreverente incomprendido que muy seguramente entenderán mañana, los que hoy maliciosamente tratan de ignorarlo. Enemigo de las sociedades cerradas a las que esquiva, ha guiado su pensamiento hacia las teorías de la izquierda que ante la historia significaban la rebeldía, la independencia, el desarrollo de una cultura a base de conjuntos unidos y reunidos por la hermandad de los hombres.

Esta idea es uno de los más bellos conceptos políticos que ha tenido la humanidad: sobresalió en el Renacimiento, fue alma de la Revolución Francesa que creó la democracia verdadera y culminó en la caída de los zares de Rusia y el ensayo de gobiernos que buscaban el bien y la soberanía del pueblo. Es esto más un sueño que una posibilidad inmediata. Mientras existan entreverados tantos grupos étnicos diferentes y tantas fallas en la educación del hombre desde un principio, tal idea que es hermosa no llegara a realizarse en su plenitud sino acaso en China donde la unidad racial y los milenios de la educación hacen que el hombre por naturaleza busque a su hermano y unificados todos por un modelo de educación amen y acepten, sin esfuerzo, su propio gobierno. Es un bello ideal. Acaso el hombre algún día llegue a realizarlo. Este es el imaginario del introvertido Fernando Macías una de cuyas obras se presenta hoy.

Ahora bien: como gran enamorado del sentido común y del estudio, posee una delicada cultura hecha a base de lecturas y de ilustración personal, pero que ahora se expresa en la obra “Eliseo Tangarife, El Miguel Ángel de la Cordillera” que entrará a la biblioteca de los selectos no solamente de la privilegiada Salamina sino del país. Su libro persigue educar. Su obra busca poner en evidencia la grandeza de un hombre sencillo que inscribió su nombre para la posteridad únicamente con la inacabable contextura de su imaginación y la sapiencia de sus manos; pretende enseñar a amar los mejores aspectos del arte que es precisamente el lado fuerte de su cultura alucinada y que demuestra como por naturaleza el hombre de nuestras regiones sin saberlo, también buscó la unidad haciendo un conjunto de edificaciones similares, hermosas, dignas de un grupo humano con educación exquisita y relacionada por muchos aspectos.

De modo que su obra está en el cauce de sus ideales, en la plenitud de sus conceptos estéticos, en la preocupación por reconocer el aporte de los olvidados en el complicado proceso de nuestra identidad y en la novedad de una verdadera enseñanza para las generaciones actuales y venideras.

Su trabajo intelectual de hombre práctico, de sólidos principios; es vasto y profundo; desde la historia, la narración, el cuento, la poesía, Fernando Macías hace resaltar la genialidad sin esfuerzo, porque él es un predestinado; un consentido de las musas.

Al presentar esta importante y muy bien investigada obra, declaramos nuestro orgullo por tener la amistad de este artista y al mismo tiempo la alegría por recibir como un reflejo o un golpe de fresca brisa un trabajo que en la actualidad y dentro de muchos años, es y será significativo aporte intelectual y educativo para Colombia y especialmente para Salamina, ciudad a la que ama por encima de todo, y a la cual, como dijera Rodrigo Arenas Betancur: “Ha visto desde los abismos del pensamiento y desde los júbilos del sueño”.

Fernando Macías: Muchas gracias y valga mi concepto en nombre de la historia, de la actualidad y del futuro.

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